Metafísica en sentido estático. Ser y ente
¿Es el cambio real, o es una ilusión que la verdadera filosofía debe disipar? Parménides, en el siglo V a.C., responde con la primera tesis estática de Occidente: el ser es, el no ser no es; lo que aparenta cambiar no es realmente. La razón nos lleva a una realidad inmutable, indivisible, esférica, eterna. Los sentidos engañan; la doxa de los mortales pinta un mundo donde la generación y la corrupción reinan, pero esa pintura es falsa.
Platón hereda y modifica la tesis. El mundo de las Ideas es el ámbito de lo verdaderamente real: las Ideas son eternas, perfectas, inmutables. El mundo sensible es copia imperfecta, donde los entes intentan reflejar a sus formas paradigmáticas sin lograrlo. Lo que llamamos cambio no es propiamente cambio, sino imperfección estructural: el ente se desgasta, se deforma, se reajusta, pero su esencia (la Idea de la que participa) permanece inalterable.
La distinción entre Ser (lo que da existencia) y ente (lo que existe) marca toda la metafísica posterior. Aristóteles la disputará, Tomás la sintetizará, Heidegger la denunciará como olvidada. Pero los términos quedaron fijados allí: en aquella Grecia donde por primera vez se dijo que las cosas no son lo que parecen, y que la verdad exige pensar contra los sentidos.