Introducción a la filosofía del arte
¿Qué es lo bello, y por qué seguir preguntándoselo? Platón, en el Timeo, propone que la proporción es el vínculo más bello: lo más armónico es lo más unitario, y la matemática es la clave de la belleza. Los pitagóricos lo habían anticipado al hacer del número la regla capaz de limitar y ordenar la realidad. Policleto, en escultura, dará a esta idea su forma canónica: el kanon de las proporciones humanas.
Kant, dos milenios después, redefine la pregunta. La belleza no es una propiedad objetiva de la cosa sino el resultado de un juicio estético desinteresado: bello es lo que, sin concepto, place universalmente y satisface sin un fin determinado. El gusto no es subjetivo en sentido relativista: pretende validez universal aunque no pueda demostrarla. Hegel da otra vuelta: lo bello artístico es superior a lo bello natural porque está mediado por el espíritu. La naturaleza no es artista; el arte sí.
La filosofía del arte, así, no es disciplina decorativa: pone en juego concepciones de la verdad, del sujeto, de la libertad y del mundo. Cada definición de belleza implica una metafísica.