El Humanismo y el Renacimiento
¿Qué hace que los siglos XIV-XVI sean el umbral de la modernidad y no simplemente otro tramo del medievo? El humanismo italiano —Petrarca, Erasmo, Tomás Moro— desplaza el centro de gravedad cultural: del Dios escolástico al hombre, del comentario aristotélico a la recuperación filológica de Platón, de la teología deductiva a las studia humanitatis. Las ciudades-estado italianas (Florencia, Venecia, Milán) financian academias, talleres y embajadas; nace una nueva figura, el intelectual cortesano, y con ella un modo distinto de hacer política.
La Reforma de Lutero rompe la unidad religiosa de Europa, redibuja las fronteras políticas y, al traducir la Biblia al alemán, da lugar a la hermenéutica moderna. Calvino, Enrique VIII y los reformadores radicales completan la fragmentación. Paralelamente, Copérnico lanza la hipótesis heliocéntrica y desencadena lo que Kuhn llamará un cambio de paradigma: no solo se trata de geocentrismo versus heliocentrismo, sino de un nuevo modo de defender hipótesis con datos empíricos. Galileo, Kepler y Newton harán el resto.
El descubrimiento de América, finalmente, cierra el ciclo medieval con violencia. Tomás Campanella soñará una teocracia universal sobre las nuevas tierras; la realidad será exterminio cultural, evangelización forzada y expolio. La modernidad nace, pues, con luces filológicas y sombras coloniales.