Valor y dignidad del cuerpo humano
¿De dónde viene la dignidad del cuerpo, y por qué la diferencia sexual se convirtió tan tempranamente en jerarquía? Kant ofrece la formulación clásica: la persona no puede ser tratada como medio sino como fin en sí misma, y esa exigencia se extiende necesariamente al cuerpo, sin el cual no hay persona. La dignidad no es un atributo flotante ni un sentimiento subjetivo: es una exigencia normativa que se impone al trato con los otros y con uno mismo.
El cuerpo humano, sin embargo, no ha sido tratado siempre con esa exigencia. Sor Juana Inés de la Cruz, en sus famosas redondillas "Hombres necios que acusáis", desnuda con ironía despiadada la doble moral con que la cultura patriarcal construyó el género: se exige a la mujer aquello que se le impide, y luego se la culpa por no cumplirlo. Su crítica anticipa por siglos la denuncia feminista de la modernidad: el género no es la diferencia sexual, sino el conjunto de atribuciones sociales que se le añaden y que sirven para excluir.
La Ilustración abrirá una brecha, pero solo parcialmente: aún en 1861, los estudiantes del Hospital de Middlesex protestaban contra la presencia de Elizabeth Garrett Anderson. Los estudios contemporáneos de la sexualidad —psicoanalíticos, foucaultianos, feministas, queer— heredan esa larga historia y la convierten en objeto explícito de reflexión.