El sujeto moral: inclinaciones, tendencias y pasiones
El sujeto moral no es una conciencia desencarnada. El ser humano arrastra inclinaciones que no eligió: hambre, pulsión sexual, deseo de plenitud. La cuestión moral no es eliminarlas sino decidir cómo atenderlas. Santo Tomás de Aquino, en la Suma teológica, distingue tres niveles de inclinaciones naturales. El primero, compartido con todo ser: conservación, autodefensa, nutrición. El segundo, compartido con los animales: reproducción, cuidado de la prole. El tercero, propio del ser humano racional: amistad, conocimiento, amor, trascendencia.
La psicología empírica habla de tendencias como motivaciones que dirigen la conducta desde un déficit hacia una satisfacción proyectada. Las pasiones —que la tradición filosófica llama sentimientos o emociones— son la resonancia interior de la valoración del mundo.
David Hume sentenció que la razón es esclava de las pasiones. Kant, escandalizado, sostuvo lo contrario: la primacía del deber por encima de cualquier inclinación egoísta. El célebre ejemplo: si la policía pregunta por un amigo refugiado en mi casa, debo decir la verdad aunque eso lo condene; la veracidad es bien universal por encima de la amistad particular. Victoria Camps replantea la cuestión: los sentimientos parten de creencias y pueden educarse; la adhesión libre al bien integra razón y afectividad.