Materia y forma: especificación e individualidad
Un alcornoque crece, un rayo lo destruye, un artesano lo convierte en mesa: tres tipos de cambio que Aristóteles distingue cuidadosamente. El primero es natural y proviene de la physis interna del árbol; los otros dos requieren agentes externos. La physis es el principio interno del movimiento y del reposo, presente en los seres naturales y ausente en los artificiales.
Esta distinción funda el hilemorfismo. Toda sustancia es compuesto de materia y forma. La materia es receptividad, pasividad, sujeto que permanece bajo los cambios; pero también es potencia, capacidad operativa de devenir esto o aquello. La forma es la esencia, lo que hace que esta cosa sea esta y no otra. Materia sin forma es incognoscible; forma sin materia, en los seres físicos, es imposible.
Aristóteles responde así a los sofistas. Si una cosa puede ser y no ser —el iletrado que se vuelve letrado—, no hay contradicción: lo que era en potencia ha pasado a acto. El conocimiento universal es posible porque la forma es repetible; pero la individualidad existe porque la forma se realiza en esta materia particular. La tradición tomista hará de la materia el principio de individuación; Duns Scoto, en cambio, postulará la hecceidad como forma propia de cada singular.