Objeto y ubicación de la metafísica
Andrónico de Rodas, peripatético de Roma del siglo I a. C., ordenó los manuscritos de Aristóteles y bautizó como Metafísica a los catorce libros que iban después de la Física. El nombre era una etiqueta editorial; sin embargo, fijó para siempre el destino de una disciplina cuyo objeto Aristóteles había llamado simplemente filosofía primera o ciencia buscada. Xavier Zubiri ha señalado que la problemática de la metafísica no es metodológica sino constitutiva: a diferencia de las ciencias positivas, que parten de la posesión de su objeto, la metafísica debe empezar por conquistarlo.
Aristóteles distingue dos focos. Por un lado, el ente —en griego on—, lo que se dice que es; esta rama se llamará ontología, término acuñado por el teólogo Jean Le Clerc y sistematizado luego por Baumgarten como ciencia de los primeros principios. Por otro, la entidad suprema e inmaterial, primer motor inmóvil; este foco se llama episteme theologike y dará origen a la teología natural.
La interpretación oscila desde entonces. ¿Es la metafísica ontología que culmina accidentalmente en Dios, o teología que se sirve de la ontología como propedéutica? La recepción cristiana medieval inclinó la balanza hacia la segunda lectura; la modernidad, con Heidegger, intentará revertirla.