Maquiavelo y el nacimiento del pensamiento político moderno
Nicolás Maquiavelo no es un filósofo de gabinete sino un funcionario derrotado. Tras el retorno de los Médici al poder en Florencia en 1512, es detenido y torturado; desde el destierro escribe El Príncipe y los Discursos sobre la primera década de Tito Livio. Su experiencia diplomática en las cortes de Luis XII, César Borgia y Maximiliano I le otorga lo que ninguna utopía podía darle: el conocimiento directo de los entresijos del poder. De ahí nace el realismo político moderno.
Maquiavelo rompe dos cordones umbilicales. Primero, con la filosofía política que construye sociedades perfectas mediante conceptos abstractos: tales utopías son inviables porque ignoran cómo actúan los seres humanos reales. Segundo, con la concepción tomista del derecho natural: la política no puede legitimarse mediante una moralidad previa, porque el príncipe deberá obrar el mal cuando el bien común lo exija. Los fines justifican los medios, en esa formulación célebre que escandalizó a clérigos y le valió el apelativo de mayordomo del diablo.
En los Discursos, sin embargo, defiende la república romana como mejor forma de gobierno y elabora el ciclo de los Estados: monarquía, oligarquía, democracia y sus respectivas degeneraciones. Maquiavelo no es el cínico que la leyenda dibuja, sino el primer pensador que considera la política una ciencia con leyes propias, irreductible a la ética.