Caracterización de la filosofía patrística, siglos II-VIII d. C.
La filosofía patrística no nace como sistema especulativo sino como urgencia: defender una doctrina de salvación frente al paganismo culto y frente a herejías internas como el gnosticismo. Justino Mártir, en su Diálogo con Trifón, sostiene que el platonismo es propedéutica del cristianismo y que los filósofos griegos participaron del logos en la medida en que rozaron la verdad. Tertuliano, en cambio, ataca el gnosticismo desde una hostilidad explícita a la especulación griega. Esta tensión entre razón helénica y revelación cristiana atraviesa toda la primera patrística.
Etienne Gilson ha subrayado el desplazamiento decisivo: la filosofía griega era una filosofía de la necesidad —los seres humanos se someten al destino—, mientras que la patrística inaugura una filosofía de la libertad —el ser humano realiza un destino que se le ha confiado—. El Concilio de Nicea marca el corte interno entre primera patrística y alta patrística, donde San Gregorio, Pseudo Dionisio Areopagita y Calcidio retoman el neoplatonismo para elaborar una teología sistemática.
Boecio cierra el ciclo: en La consolación de la filosofía traduce a Aristóteles al latín y lega a la Edad Media el vocabulario lógico que hará posible la escolástica.