La filosofía del arte en el sistema idealista de Hegel
Georg Wilhelm Friedrich Hegel formuló su famosa máxima —todo lo real es racional, todo lo racional es real— como expresión de su idealismo absoluto: lo finito y lo infinito, lo subjetivo y lo objetivo deben reconciliarse en el movimiento dialéctico del Espíritu. Aplicada al arte, esta tesis produce una historia que no es mera sucesión de estilos sino despliegue del Geist hacia su autoconciencia plena. Hegel distingue tres grandes momentos: el arte simbólico —el oriente antiguo, donde el contenido espiritual desborda la forma sensible—; el arte clásico —la Grecia antigua, donde forma y contenido alcanzan su equilibrio perfecto en la escultura humana—; y el arte romántico —la cristiandad medieval y moderna, donde el contenido espiritual ya no cabe en la forma sensible y la trasciende—. De aquí se sigue su tesis más polémica: el arte ya ha cumplido su misión y debe ceder el paso a la filosofía como vehículo superior del Espíritu. Esta declaración de la muerte del arte fue malinterpretada como vaticinio empírico. Lo que Hegel sostiene es que el arte ya no es la forma más alta en que el Absoluto se manifiesta. Arthur Danto, dos siglos después, retomaría esta tesis para describir el arte conceptual contemporáneo.