La metafísica aristotélica
¿Por qué llamamos metafísica a la disciplina que se ocupa del ser? La etimología guarda una sorpresa. Aristóteles nunca usó esa palabra. Su editor antiguo, Andrónico de Rodas, al ordenar los manuscritos hacia el siglo I a.C., colocó unos tratados después de los físicos, y los tituló meta ta physika, literalmente 'lo que viene después de la física'. El accidente editorial fundó un nombre y una disciplina. Aristóteles llamaba a esa ciencia 'filosofía primera', 'sabiduría', 'ciencia del ente en cuanto ente'.
Su gesto inaugural es metodológico. Antes de filosofar, Aristóteles hace historia: revisa a los presocráticos —Tales, Anaximandro, Heráclito, Parménides, Empédocles— y los lee como precursores parciales de su propia teoría de las cuatro causas: material, formal, eficiente y final. Cada uno había alcanzado, sin saberlo, alguna de ellas. Aristóteles propone integrar las cuatro y mostrar así la superioridad explicativa del nuevo esquema.
De ahí brotan los grandes conceptos. El ser se dice de muchos modos, y las diez categorías —sustancia, cantidad, cualidad, relación, lugar, tiempo, posición, hábito, acción, pasión— articulan esos modos. La sustancia es el concepto central: lo que existe en sí, lo que sirve de sujeto último de toda predicación. El principio de no contradicción funda la posibilidad misma del discurso. Y al final, la ontología desemboca en teología: el ente por excelencia, el primer motor inmóvil, es Dios. La filosofía primera oscila así entre ontología y teología, doble vocación que atravesará toda la metafísica posterior, hasta Heidegger.