El contexto histórico y cultural del nacimiento de la filosofía
¿Por qué empezó la filosofía precisamente entre los griegos del siglo VI antes de Cristo, y no en otra parte? La pregunta ocupó a Hegel y a Schleiermacher en el XIX, y sigue abierta. Pero hay condiciones identificables que ayudan a entender el surgimiento. Las ciudades-estado del Egeo —Mileto, Éfeso, Atenas, Crotona— eran prósperas, marineras, comerciaban con Egipto y Babilonia, y carecían de una casta sacerdotal que monopolizara la interpretación de los textos sagrados.
Los antecedentes culturales son decisivos. Homero y Hesíodo, los grandes poetas del siglo VIII, ofrecieron a los griegos una cosmovisión mítica plena que la filosofía heredaría como horizonte de discusión, a veces criticándolo, a veces apropiándoselo. Las Musas garantizaban epistemológicamente el saber poético; las etimologías ofrecían acceso al lenguaje como clave de la realidad. La areté, la excelencia, se cultivaba en lo bélico, lo deportivo, lo cívico. Con la filosofía, la areté se desplazó del guerrero al hombre justo, y la verdad pasó a llamarse aletheia: lo no olvidado.
Dos elementos sociales explican parte del fenómeno. El modelo hoplita de guerra, descrito por Yvonne Garlan, exigía cooperación íntima entre combatientes y forjó la cohesión interna de las polis. Cornelius Castoriadis sostuvo que la democracia ateniense, inspirada por Pericles, sólo pudo nacer en un pueblo tan filosófico como el griego. La política y la filosofía, en el Egeo, crecieron de la misma raíz.