Valor de la investigación
¿Por qué la filosofía necesita un método propio si la razón parece bastarse a sí misma? La pregunta divide la tradición: Descartes la abrió afirmando, en el Discurso, que su intención no era enseñar el método que cada cual debía seguir, sino exponer el modo en que él había procurado conducir su razón. La etimología es honesta: méthodos, camino más allá, recuerda que pensar es transitar, no improvisar.
Frente al método científico —observación, hipótesis, experimentación, ley—, codificado en la modernidad por Bacon y la tradición empirista, la filosofía tropieza con objetos que no admiten cuantificación: el ser, la libertad, el alma. La tradición aristotélico-tomista responde que el saber filosófico se mide por otros criterios: definiciones precisas, argumentación consistente, marco teórico fundamentado y coherencia con una postura epistémica. Cuatro condiciones que distinguen la reflexión filosófica del cientificismo que, desde el siglo XIX, pretende absorberla.
La investigación filosófica, así entendida, no produce leyes verificables sino conceptos sólidos. Como advierte Reale en su historia del pensamiento, los métodos filosóficos no se cancelan unos a otros como los paradigmas kuhnianos: el empirismo de Sexto Empírico convive con el de Hume, y ningún método agota la realidad. Elegir uno es ya una primera decisión filosófica.