Lógica simbólica: función proposicional y álgebra de Boole
¿Qué pasa cuando un razonamiento abstracto se vuelve un circuito físico? En el siglo XIX, George Boole reformuló la lógica clásica como un álgebra: las proposiciones se convierten en variables que toman valores cero y uno, las conectivas en operaciones susceptibles de cálculo. La lógica clásica adoptó otro nombre en el mundo de la ingeniería: álgebra de Boole.
Claude Shannon, en su tesis maestra de 1937, mostró que esa álgebra podía implementarse físicamente con relés eléctricos. De ahí derivan las compuertas lógicas que constituyen toda computadora: NOT invierte la señal, AND exige que dos entradas sean verdaderas, OR basta con una, NAND combina conjunción y negación. Sobre estas piezas elementales se construye toda la arquitectura digital, desde el procesador hasta los relojes inteligentes que llevamos en la muñeca.
Las leyes que permiten simplificar funciones proposicionales son las mismas que la escolástica medieval analizaba para argumentos: identidad, conmutatividad, asociatividad, distributividad. Las leyes de De Morgan ¬(A ∧ B) ↔ (¬A ∨ ¬B) son hoy una herramienta cotidiana en el diseño de circuitos digitales. Una conclusión incómoda y luminosa: cada vez que una puerta automática se abre, está ejecutando un silogismo. La lógica formal dejó de ser un ejercicio académico hace casi un siglo.