Sentido común y lógica
¿Cuándo empieza un pensamiento a ser lógico? Gottlob Frege ofrecía una respuesta tan sobria como decisiva: la lógica comienza cuando se reconoce que la verdad y la falsedad no son lo mismo. Antes de cualquier formalismo, esta distinción es ya un acto filosófico, y sostiene tanto las decisiones cotidianas como los grandes sistemas científicos.
De ahí derivan los cuatro principios lógicos supremos. El de identidad afirma que toda cosa concreta es idéntica a sí misma; el de no-contradicción, formulado por Aristóteles en la Metafísica, prohíbe que algo sea y no sea al mismo tiempo y bajo el mismo respecto; el de tercero excluido niega los términos medios entre ser y no ser; el de razón suficiente, sistematizado por Leibniz, exige que todo lo que existe tenga una explicación. Sobre estos pilares se construye la proposición —oración indicativa que admite verdad o falsedad— y los actos de habla descritos por Austin: locucionario, ilocucionario, perlocucionario.
Frente a la sofisticación de los manuales, conviene recordar la sabiduría aforística del Padre Brown de Chesterton, del Sherlock Holmes de Conan Doyle y de la navaja de Ockham: a veces la solución correcta es la más simple, conviene razonar al revés desde lo dado, y descartado lo imposible, lo improbable suele ser la verdad. La lógica no es exclusiva del especialista; es la forma decantada del sentido común.