Otros problemas: lenguaje, sentido, historia, religión, política, derecho
¿Qué pasa cuando la filosofía se ocupa de aquello que parece prescindir de ella: el lenguaje, la historia, la política? La pregunta tomó cuerpo cuando Marx, en la onceava Tesis sobre Feuerbach, recriminó a los filósofos haberse limitado a interpretar el mundo en lugar de transformarlo. Desde entonces la filosofía contemporánea ha vuelto sobre los territorios que la modernidad había repartido entre otras disciplinas.
El lenguaje, primero, dejó de ser instrumento neutro para convertirse en objeto. Charles Peirce, Frege, Saussure, Wittgenstein lo abordan como sistema de signos en el que se decide qué cuenta como pensamiento. La hermenéutica de Gadamer y Ricoeur extiende la pregunta del texto al símbolo, al gesto, al acontecimiento. El sentido se vuelve problema central tras las guerras mundiales: Jaspers lo busca en la trascendencia, Heidegger en la dependencia originaria del ser, Sartre en la libertad, mientras otros, simplemente, certifican su ausencia.
La historia, la religión, la política y el derecho completan el cuadro. Dilthey funda las ciencias del espíritu sobre la idea de que todo, incluida la razón, es histórico. Schleiermacher describe la religión como sentimiento de dependencia absoluta. Hannah Arendt, Hans Kelsen y Hegel piensan las formas modernas de la convivencia. La filosofía, después de los totalitarismos, ya no acepta limitarse a contemplar.