División de la filosofía
¿Cómo se ordenan los saberes dentro de una disciplina que, por vocación, pregunta por todo? La cuestión no es escolar: cada manera de cortar la filosofía revela una idea sobre qué tipo de realidad se considera primera y qué tipo de pregunta merece ser fundamental.
Aristóteles introduce la gran línea divisoria entre filosofía teórica y práctica, y Santo Tomás la afina partiendo de los cuatro órdenes que la razón es capaz de establecer: el orden de la naturaleza, que da lugar a la metafísica y las ciencias; el orden de los conceptos, que da lugar a la lógica; el orden de las operaciones de la voluntad, que da lugar a la filosofía moral; y el orden de lo producido, que da lugar a las artes. Christian Wolff, en el siglo XVIII, reordena el mapa al separar la metafísica en general —la ontología, que estudia al ente en cuanto ente— y especial, dedicada al ente corpóreo, viviente y absoluto: cosmología, psicología y teología racional.
Detrás de esta arquitectura late una jerarquía: la metafísica corona el cuadro porque alcanza las causas últimas y, por eso, juzga el alcance de las demás. Una división, pues, no es un trámite taxonómico: es la primera apuesta sobre cuál es la pregunta más profunda.